Alucinante: un blog sobre el Nuevo Mundo.

  • INTRODUCCIÓN

    Al igual que la esclavitud y el apartheid, la pobreza no es natural. Es artificial, puede ser superada y erradicada por las acciones de los seres humanos.
    – Nelson Mandela (1918- 2013)


    Todo el mundo tiene un lugar en este mundo, y todos merecemos ser capaces de satisfacer nuestras necesidades básicas. Hay suficiente riqueza material en el planeta para permitir que todos los seres humanos vivamos una vida digna, que satisfaga nuestras necesidades y potencialidades individuales y colectivas. Pero cada uno de nosotros necesitamos acceso a los recursos
    materiales no sólo para satisfacer nuestras necesidades básicas, sino también para apoyar nuestras necesidades más elevadas de expresión personal y autorrealización. Sin embargo, salvo unos pocos privilegiados, la mayoría de nosotros no tiene suficiente dinero ni recursos para vivir libres de la miseria ni para servir a la más alta causa que pueda llamarnos.


         Echa un vistazo a tu alrededor, en cualquier entorno en el que te encuentres en este momento. A menos que estés en la naturaleza, la mayoría de lo que ves, fue creado por al menos, otro ser humano. De hecho, casi todo en nuestra vida cotidiana nos conecta a las acciones llevadas a cabo por otras
    personas, acciones pasadas que dejan huellas anónimas en nuestras vidas de hoy. Verdaderamente vivimos en un mundo de nuestra propia creación; moldeamos nuestro entorno compartido para reflejar nuestro imaginario colectivo. Juntos creamos los contornos y formas que influencian


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    nuestras percepciones e informan a nuestro pensamiento diario. Esta realidad es válida tanto para las pequeñas cosas de la vida, como los objetos de decoración, como para las cosas más grandes, como las estructuras sociales, sistemas de comercio e incluso los tipos de gobierno. Nosotros hemos creado todas estas cosas y más. Lo que sea que podamos crear, también podemos modificarlo, desmontarlo, y volver a re-crearlo. Es extremadamente importante que reconozcamos esta verdad cuando consideramos nuestros
    actuales sistemas sociales y económicos: No existen por defecto, sino debido a que los hemos creado, y seguirán existiendo mientras que la mayoría de nosotros elijamos, consciente o inconscientemente, sostenerlos en sus formas actuales. Son, en un sentido real y práctico, la consecuencia directa de nuestros pensamientos y acciones colectivas.

         Colectiva es una palabra importante aquí: Los efectos de nuestras elecciones y acciones ondulan en toda vida ajena y dejan huellas sutiles en nuestra conciencia individual también. Todos hemos experimentado esta verdad: Por ejemplo, actos de bondad pueden ofrecernos la experiencia de lo que se siente al ser amable, mientras que los actos de deshonestidad pueden darnos la experiencia de lo que se siente al estar apartado de una conexión auténtica con otras personas. Cada acto viene con consecuencias rápidas para nosotros mismos, así como para los demás.

         Nuestras acciones están muy a menudo guiadas por los sistemas económicos en los que vivimos, porque estos sistemas recompensan o desalientan ciertos tipos de comportamiento con diversos incentivos económicos que se crean constantemente a través de la red de leyes,


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    costumbres, hábitos y acuerdos que definen estos sistemas. Estas estructuras
    externas de incentivos  pueden o no animarnos a actuar siempre al servicio de un bien mayor, y por tanto, en última instancia, de servirnos a nosotros mismos. Si queremos motivar un comportamiento que nos beneficie a nivel material, así como a nivel psicológico, tenemos que modificar las estructuras de incentivos económicos que hemos creado para que reflejen mejor nuestra realidad interconectada.


    La mayoría de nosotros estamos familiarizados con el juego del Monopoly, en el que los jugadores construyen casas y hoteles en las parcelas que poseen y recogen cantidades crecientes de renta cada vez que otros jugadores aterrizan en estas parcelas. Dado que el juego limita el número disponible de parcelas inmobiliarias, el jugador capaz de comprar más parcelas de bienes raíces, ya sea por pura suerte o decisiones
    astutas -o por lo general una combinación de ambas cosas- manda sobre las rentas más altas y gana el juego llevando a los otros jugadores a la bancarrota.


    Resulta que todos estamos jugando una versión del
    Monopoly en la vida real, y este juego moldea profundamente nuestras vidas en cada momento. Sin embargo, en contraste con el juego de mesa, no experimentamos nuestras pérdidas de la vida real a través de acalorados debates entorno a la mesa de la cocina; más bien, los experimentamos como la desesperación de no poder proporcionarnos lo suficiente a nosotros mismos a pesar de nuestra voluntad de hacerlo. Para agravar el asunto, estamos bien avanzados en el juego: Todas las parcelas de bienes raíces disponibles han sido compradas, casas y hoteles han sido construidos, y aquellos de nosotros menos afortunados nos enfrentamos a grandes, a menudo, insalvables obstáculos. En demasiados casos,


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    las personas con
    ingresos bajos no pueden tan siquiera satisfacer sus necesidades básicas sin ayuda gubernamental, a pesar de su deseo de trabajar y contribuir a la sociedad y, a pesar de la enorme cantidad de riqueza que ya está presente en la economía. Peor aún, en muchos lugares de todo el mundo, los gobiernos no están dispuestos o no son capaces de proporcionar esa asistencia básica. Mientras tanto, ascender se ha vuelto inalcanzable para muchos, especialmente para aquellos que tienen poco con lo que empezar.


    La mayoría de nosotros deseamos vivir en una sociedad que aliente la equidad y haga posible que la gente de todos
    los niveles socio-económicos puedan llevar a cabo su propio éxito. Uno de nuestros mitos culturales en Occidente nos dice que vivimos en un meritocracia, una sociedad que recompensa a cada persona económicamente en proporción directa por el valor tangible que él o ella ofrece a esa sociedad, es decir, de conformidad directa con el talento y la ética de trabajo de esa persona, sin importar el género, clase, raza, u otros atributos. Pero el hecho es que muchos de nosotros trabajamos duro y somos tremendamente hábiles en lo que hacemos, pero sólo recibimos una insignificante recompensa por nuestro trabajo, mientras que los nacidos en la riqueza, por ejemplo, están a salvo de la necesidad de trabajar o contribuir de manera alguna. Nuestro sistema económico actual no recompensa a los seres humanos por gran parte del valor que crean para la sociedad, mientras que muchas personas reciben cantidades sustanciales de riqueza que no se han ganado y que es fruto de los esfuerzos de otras personas.


    La única manera en que podemos garantizar la prosperidad justa y duradera para cada miembro de nuestra sociedad es remodelar nuestra


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    economía desde cero, lo que significa que tenemos que abordar y resolver las disparidades subyacentes a nivel de raíz. Ya sea que estemos hablando de la destrucción de la naturaleza, la masificación urbana, el desempleo, la delincuencia, la desigualdad de la riqueza, o incluso la guerra, la causa principal es el simple hecho de que, a pesar de nuestra sofisticación cultural y tecnológica,  aún no hemos aprendido a compartir los unos con los otros el elemento más básico que debe ser compartido entre todos: la tierra sobre la que caminamos. Tierra. Al permitir que algunas personas se beneficien de la tierra, hemos privatizado la riqueza de la comunidad, lo que permite a unos pocos vivir a costa del resto de nosotros.


    En la primera parte de Tierra, hablaré de cómo se produce la riqueza y cómo esta producción agrega valor tanto a individuos productores y consumidores, así como a la sociedad. A continuación, revisaré cómo los individuos y las instituciones se benefician de la tierra a expensas de la sociedad y cómo este proceso provoca la desigualdad de la riqueza, el desempleo, las
    recesiones económicas  y la destrucción ecológica. A partir de ahí, examinaré lo que significa vivir material y culturalmente, en armonía con la red vital mayor. En todo momento, he hecho lo posible por condensar los conceptos a lo básico; aquellos que estén interesados ​​en los detalles más técnicos pueden consultar las notas y el apéndice.

         En la segunda parte del libro describiré una teoría económica a prueba del paso del tiempo, re-popularizada más recientemente en el siglo XVIII y XIX cuando notables economistas  y pensadores como David Ricardo, John Stuart Mill, Henry George, y muchos otros redescubrieron y con-


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    tribuyeron significativamente a esta teoría. Adam Smith, uno de los economistas más conocidos de la Historia, habló de ella en su obra magna de
    1776, Investigación sobre la naturaleza y las causas de la Riqueza de las Naciones. Hoy en día, esta teoría se discute con gran sofisticación por medio de una amplia gama de economistas que han dedicado sus vidas a la mejora de la humanidad, con el entendimiento de que los problemas a los que nos enfrentamos en la actualidad  pueden resolverse al nivel más fundamental. En esta parte del libro, vuelvo a condensar estos conceptos a sus fundamentos, con la esperanza de que vayan a ayudar a los lectores, líderes de sus comunidades, a saber los pasos a seguir para crear un nuevo paradigma para un mundo próspero.


    Imaginemos un mundo en el que tanto el juego alegre como el trabajo con propósito, no monótono, estén a la orden del día para todos los seres humanos -un mundo donde nuestra
    realidad se desborda de abundancia material y donde todo el mundo puede centrarse en maximizar su potencial en lugar de gorronear dinero. Mi mayor esperanza es que un día cada ser humano -cada uno de nosotros- pueda participar en un sociedad que sea intrínsecamente justa y que también tenga en cuenta el bienestar de las generaciones futuras. Para lograr esto, tenemos que trabajar juntos en la apreciación de nuestras diferencias y en nombre de nuestra humanidad común. Cuando un número suficiente de nosotros trabajemos juntos por el bien común, entonces, parafraseando a Buckminster Fuller, crearemos algún día un mundo que funcione para todos.

    Martin Adams
    Otoño de 2014
    Middletown, California

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  • PARTE I: EL COSTE DE LA IGNORANCIA

    El primer hombre que, habiendo cercado un terreno, se aventuró a decir, Esto es mío” y encontró personas lo suficientemente simples como para creer en él fue el verdadero fundador de la sociedad civil. Cuántos crímenes, guerras, asesinatos, cuántas miserias y horrores se podría haber ahorrado la raza humana si aquel uno, que arrancando las estacas o rellenando la zanja, hubiese gritado a sus semejantes: “Cuidaos de escuchar a este impostor; estás perdido si se te olvida que los frutos de la Tierra pertenecen a todos y que la Tierra pertenece a Nadie.”
    Jean-Jacques Rousseau (1712- 1778)

  • 1 LA PRODUCCIÓN DE RIQUEZA

    Estoy seguro de que cada uno de ustedes querría ir más allá del superficial analista social que ve simplemente los efectos y no lidia con las causas subyacentes. La verdadera compasión es más que arrojar una moneda a un mendigo; entiende que un edificio que produce mendigos necesita una reestructuración.
    – Martin Luther King Jr. (1929- 1968)


    El
    tardío editor Alfred A. Knopf dijo una vez, “Un economista es un hombre que afirma lo obvio en términos incomprensibles.” Pero el tema de la economía no tiene por qué ser incomprensible; ya que todos los principios económicos se basan en el comportamiento humano, realmente sólo necesita su sentido común para entenderlos. De hecho, si estamos por crear un mundo en el que todos podamos disfrutar la realización materialmente y tener vidas dignas y al mismo tiempo vivir en armonía con la naturaleza, es vital que entendamos correctamente la economía, ya que la ciencia económica subyace el estudio del bienestar social.

    Comencemos con una primera visión general de la economía que puede, en un principio, parecer abstracta, pero que tiene relevancia y aplicaciones prácticas en los capítulos siguientes. Si un concepto no le queda claro en un primer momento, se volverá más claro al continuar la lectura, ya que veremos nuestra tesis central desde diferentes ángulos a lo largo de este libro. Nuestro principal interés aquí es lo básico;


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    si usted está interesado en algunos de los aspectos más técnicos, también puede consultar las notas y el apéndice.


    En este libro, vamos a definir la riqueza económica como todos los bienes y servicios que se pueden percibir con nuestros sentidos que son producidos con el esfuerzo humano o el uso de maquinaria que satisfacen directamente los deseos humanos y que tienen un
    valor de intercambio. Esta definición particular es importante porque la comprensión convencional de riqueza no es lo suficientemente precisa para nuestros propósitos. Un ejemplo clave: En nuestra definición, el dinero no es riqueza económica, ya que no puede satisfacer deseos humanos directamente, sino sólo indirectamente cuando lo cambiamos por otra cosa (una persona varada en una isla desierta se da cuenta rápidamente de que el dinero por sí sólo no es la riqueza real). Regalos de la naturaleza tales como el aire fresco, el agua y la tierra no son tampoco riqueza económica, porque ningún ser humano los ha creado. Bajo nuestra definición, los bienes y servicios hechos por el humano son la riqueza económica porque los bienes y servicios pueden agregar valor a nuestras vidas. Por lo tanto, cuando hablamos de cómo la riqueza se crea, es importante tener en cuenta nuestra definición específica de la riqueza económica; cada vez que use el término riqueza, me refiero a riqueza económica como aquí la he definido. (1)

    En el nivel más fundamental, la riqueza se crea a partir de la naturaleza, el trabajo humano y las herramientas. Los llamados economistas clásicos de los siglos XVIII y XIX se refieren a estos tres elementos como los tres factores de la producción: tierra, trabajo y capital. El término tierra se refiere a todos los dones de naturaleza; el término trabajo se refiere al esfuerzo humano; y el capital se refiere a bienes de capital, tales como herramientas y maquinaria.


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    Bajo esta definición, la tierra no se refiere únicamente a las parcelas de tierra, sino a todo lo proporcionado gratuitamente por la naturaleza, incluyendo el aire, los minerales, los árboles y el agua, e incluso el espectro electromagnético. (2)

    El término trabajo es bastante sencillo y significa todo esfuerzo humano, tanto mental como físico, dirigido hacia la producción de riqueza.


    El
    término capital significa toda la riqueza creada previamente que se pone al servicio de la creación de nueva riqueza. La palabra capital aquí no significa dinero, sino que se refiere a los productos del capital: objetos hechos por el humano, tales como máquinas o edificios que ayudan en la producción de nueva riqueza. Con el tiempo, por lo general, producimos más riqueza de la que consumimos o destruirmos, y así nuestras sociedades tienen un superávit de bienes de capital; dondequiera que miremos, vemos fábricas, edificios de oficinas, computadoras, camiones y ferrocarriles, todos a la espera y listos para ayudar a la humanidad en la producción de nueva riqueza.


    En términos generales, sólo hay dos maneras en las que los seres humanos pueden hacer un ingreso: O bien pueden hacer un ingreso por haber contribuido a la sociedad o pueden extraer un ingreso de la sociedad misma. (3) La gente puede contribuir a la sociedad proveyendo de bienes y servicios valiosos: Cuando los seres humanos agregan valor al proceso de producción de riqueza a través de su fuerza de trabajo, ese valor añadido se puede clasificar como un salario (por ejemplo, cuando un mecánico compra un coche, lo repara y luego lo vende por más dinero ese diferencial de ventas se convierte en su salario); y cuando los bienes de capital agregan valor


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    al proceso de producción de riqueza, ese valor añadido es lo que los economistas llaman un retorno del capital (por ejemplo, el valor agregado del uso por parte del mecánico de herramientas eléctricas que ahorran tiempo es un retorno del capital del mecánico – sus herramientas eléctricas
    ). (4)

    La única otra manera en que la gente puede hacer un ingreso es mediante la recepción de lo que los economistas llaman la renta económica. Hacen esto no aportando riqueza alguna a la sociedad, sino extrayendo un ingreso de la sociedad sin aportar riqueza del mismo valor en contrapartida. Por ejemplo, cuando las personas hacen dinero al vender tierra, extraen renta económica de la sociedad dado que no contribuyeron con ninguna riqueza hecha por ellos a la sociedad. (5)

    El problema con la extracción de renta es que cuanta más renta extraigan las personas de la sociedad, menos recursos quedarán para pagar a la gente por sus bienes y servicios. Debido a que muchas personas extraen renta económica de la sociedad de manera continuada, las personas que agregan valor a la sociedad, –los empleados, propietarios de pequeñas empresas, contratistas autónomos, etc…- se quedan con una parte mucho más pequeña de la tarta económica para conseguir tener un ingreso.

    Volveremos a estos conceptos de diferentes formas a lo largo de los siguientes capítulos. La cosa importante a recordar aquí es que la producción de riqueza utiliza los dones de la naturaleza, la mano de obra humana y las herramientas, y que podemos obtenerla ya sea pagando por los bienes y servicios que agregan valor a la sociedad, o simplemente extraer dinero de la sociedad sin crear el correspondiente valor en contrapartida. Ahora que hemos visto y aclarado estos principios económicos, el escenario está listo para que exploremos cómo la tierra alcanza su valor.

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  • 2. EL VALOR DE LA UBICACION

    ¿Qué hay en nuestra vida económica más importante que el hecho de
    que la mayoría debe pagar a relativamente pocos individuos por el privilegio de vivir y trabajar en aquellas partes de la superficie de la Tierra que las fuerzas geológicas y el desarrollo de la comunidad han hecho deseables?
    – Harry Gunnison de Brown (1880- 1975)


    Con el fin de comprender mejor cómo podemos pasar a una
    sociedad más equitativa y próspera, pasamos a otro punto fundamental: Debido a que su suministro inherentemente limitado para cada lugar, la tierra, obtiene su valor de la riqueza natural,  social y cultural que existe en su ambiente colindante. La comodidad de poder participar de todos los bienes y servicios disponibles en una determinada ubicación se manifiesta en un valor más alto de las tierras  para esa  ubicación en particular. Por ejemplo, las personas pueden acceder a más bienes y servicios en suelo urbano que en tierras rurales debido a la ventaja de ubicación de la tierra urbana, pero esta ventaja de ubicación surge solamente como resultado de la riqueza adicional que existe en el ambiente colindante, riqueza que la gente ha creado mediante la cooperación y en competencia unos con otros. Este principio se conoce como la Ley de Renta. (6) La Ley de la Renta es tan universal como la ley de gravedad e igualmente central en la experiencia humana. Al igual que la gravedad, que nos afecta


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    e
    n todo momento, no se puede ver a simple vista, y la mayoría de nosotros la damos por sentada. La máxima del sector inmobiliario que es “Ubicación, ubicación, ubicación” se basa en la Ley de Renta. (7)

    MEDIA 2- 1: LA LEY DE LA RENTA

    Una explicación simple de la Ley de la Renta.

    http://unitism.com/lawofrentstory

    Si miramos profundamente la vida, nos damos cuenta de que los beneficios que recibimos de la sociedad son atribuibles en gran parte a su ubicación. Los beneficios son locales a las zonas en que vivimos: las carreteras por las que conducimos, las tiendas en las que compramos y los servicios que utilizamos. Estos beneficios son convenientes para nosotros debido a su proximidad, y la tierra sobre la cual existen estos beneficios permite su existencia. De hecho, cuantas más comodidades existan en un área en general, tanto más valiosa se tornará la tierra de la zona.

    La Ley de la Renta afecta a todo. Este concepto es tan básico y a la vez tan profundo que, una vez entendido, tiene el potencial de cambiar para siempre la forma en que vemos el mundo. La Ley de la Renta demuestra que ningún humano por sí solo da a la tierra y a la ubicación su valor global- su renta. El valor de la tierra surge de la riqueza que existe en sus alrededores, la riqueza que hemos creado juntos y que seguimos creando en cooperación y en competencia unos con otros. El valor de la tierra, como veremos, es el reflejo financiero de nuestra interconexión.

     

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  • 3. EL LIBRE MERCADO

    “Ni la justicia social, ni un sistema de libre mercado que funcione bien pueden ser disfrutados el uno sin el otro.”
    – Kris Feder,
    Profesor Asociado de Economía del Bard College


    Un mercado verdaderamente libre es un componente saludable de cualquier sociedad
    equilibrada. Los mercados son libres cuando los seres humanos tienen igualdad de oportunidades para influir en la producción y el comercio de los bienes y servicios deseables. Cuando las personas compiten para producir bienes o servicios, algunos son capaces de alcanzar el control del mercado y fijar los precios de mercado debido a condiciones naturales, sociales o políticas favorables : alcanzan un monopolio. El problema con los monopolios, sin embargo, es que permiten a los que han llegado a ellos, extraer dinero de la sociedad sin suministrar bienes o servicios de valor equivalente. (8)

    Cuando una entidad tiene control completo sobre un mercado, esto se conoce como un monopolio absoluto. Pero los monopolios también pueden ocurrir cuando el mercado se cerró a nuevos participantes porque la oferta global no puede ser aumentada; estos son conocidos como monopolios de entrada porque las entidades externas no pueden participar en el mercado a menos que otra entidad que ya esté participando en el mercado esté dispuesta a transferir sus privilegios de mercado a la entidad externa.

     

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    El mercado de los d
    ominios de Internet de nivel superior – los que terminan en “.com” o “.org”, por ejemplo- es un monopolio de entrada. Debido a que los nombres de dominio reales no se pueden replicar (por ejemplo, no puede haber otra página progress.org) y dado que sólo hay un número limitado de combinaciones de letras, el mercado de los nombres de dominios de Internet de nivel superior hoy ya no es un mercado libre, sino más bien un  mercado monopolizado. Como muchas personas que quieren registrar dominios de Internet ya conocen, muchos nombres de dominio buenos ya son propiedad de individuos y empresas que en realidad no les dieron uso productivo, sino que únicamente controlan los nombres para revenderlos a precios exorbitantes.

    La propiedad de la tierra es también un monopolio de entrada: La tierra es, naturalmente, escasa para cada lugar ya que su oferta no se puede aumentar. Nueva tierra no puede ser creada, por lo que si la gente quiere convertirse en propietaria de tierra, tienen que comprar la tierra de alguien que ya la posee. La perspectiva de que la propiedad de la tierra es un monopolio de entrada puede parecer extraño al principio porque pocos de nosotros se nos enseña a ver el mercado de bienes raíces (tierra) bajo esta luz. Pero vamos a examinar la cuestión desde otra perspectiva: ¿Cuánto cuesta producir tierra? Nada, porque la tierra no puede ser producida, pero la gente hace dinero con la tierra no obstante. El mercado inmobiliario de la tierra tiene que ser un monopolio ya que, según nuestra definición anterior, los monopolios permiten a sus participantes extraer dinero de la sociedad sin dar bienes o servicios hechos por humanos de valor equivalente.

    Agentes inmobiliarios, propietarios de pequeñas empresas, y gerentes de propiedades saben muy bien que la ubicación que ofrece una parcela de tierra parti-

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    cular, o propiedad, da una ventaja competitiva sobre otros. Una casa destartalada en un barrio caro tiende a ser más valiosa que una casa cara de tamaño similar en un barrio deteriorado. ¿Por qué? Porque las cualidades sociales deseables que existen en una ubicación le otorgan su valor, y esas cualidades no pueden ser unilateralmente creadas por los propios dueños de la propiedad; las
    cualidades deseables sólo se pueden obtener de la riqueza, la comodidad y los beneficios que existen en el medio ambiente circundante.

    Esta ventaja de ubicación que ofrece la monopólica naturaleza del mercado, permite a los propietarios de los inmuebles sacar provecho de la tierra. Cuando la gente compra un pedazo de tierra, su propiedad les da el derecho de excluir al resto de la sociedad de los beneficios que les ofrece su tierra, a pesar de que esos beneficios sólo se deben a la naturaleza y a la presencia de los bienes y servicios que han sido proporcionados por esa misma sociedad en primer lugar. Los compradores pagan por los derechos de acceso exclusivos a la tierra y pagan sólo al terrateniente anterior en lugar de a todas las personas que están ahora excluidas de los privilegios de ubicación que éste particular pedazo de tierra proporciona; aunque esta gente excluída podría vivir en otro lugar, los mismos monopolios de entrada son similares en otros lugares también. Vivimos en un sistema económico que permite que un solo comprador posea una parte de la Tierra sin que el propietario deba reembolsar a los afectados negativamente por su exclusión.

    Imaginemos que somos dueños de una parcela vacía de terreno. Nosotros podríamos alquilarla en el mercado abierto a otra persona por

     

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    ,000$ al año, o, alternativamente, usarla nosotros mismos. Su valor de mercado anual de 6.000$ es el valor que otros individuos están dispuestos a pagar para obtener el acceso a las ventajas que esta tierra particular
    ofrece en esta ubicación específica: en otras palabras, esta cifra nos da la renta de la tierra.

    Contratemos a un agricultor a tiempo parcial por 9.000$ para operar una pequeña granja en este pedazo de tierra, y compremos también equipamiento por 3.000$. Supongamos que al final de la temporada en la granja se han producido 20.000$ de valor de producción (Tabla 3- 1).

    Tabla 3- 1: RESULTADO DE LA GRANJA

    tabla granjaSabemos que el valor de la renta de la tierra que poseemos – lo que la gente pagaría por el privilegio de usar la tierra si tuviese la oportunidad de hacerlo- es de 6,000$ al año. Pero debido a que somos dueños de la tierra y por lo tanto nos encuentramos en una posición de monopolio

     

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    podemos
    pagarnos el coste de 6.000$ a nosotros mismos. (9) Así es como los dueños de las propiedades ganan un extra de 6,000$ en beneficios a través de la propiedad de la tierra. Si bien este recurso es retenido fuera del mercado, el propio mercado no es compensado por esta exclusión, por lo que el mercado es artificialmente restringido. Y a pesar de que nosotros, como propietarios podríamos haber pagado un valor justo de mercado por nuestra tierra en el momento de la compra, sólo pagamos este precio de compra a otro individuo -el anterior propietario de la propiedad- y no a todos los participantes del mercado que han sido excluidos.

    En teoría, el capitalismo es un sistema económico que permite gente a comerciar libremente bienes y servicios en una economía competitiva de libre mercado. Pero, dado que la propiedad absoluta de la tierra crea un monopolio de entrada, restringe el funcionamiento del libre mercado. Creyendo falsamente que nuestros mercados son libres, hemos creado un malentendido de proporciones históricas. El capitalismo se ha enorgullecido de sí mismo, de la eficiencia del sistema de libre mercado durante siglos, pero debido a que el capitalismo permite a las personas monopolizar la tierra y otros dones de la naturaleza, tenemos que darnos cuenta de que es posible que nunca hayamos tenido capitalismo verdadero en el sentido de que los mercados nunca han sido verdaderamente libres. Sin embargo, debido a este malentendido, muchos de nosotros tendemos a mirar al capitalismo -o al menos lo que aparenta ser capitalismo- con gran desdén. Y con razón, ya que: nuestra implementación actual del capitalismo es profundamente responsable de la explotación de la naturaleza y el declive del bienestar social.

    La creencia errónea de que los mercados son libres cuando su la libertad es, de hecho, inhibida por comportamientos monopólicos

     

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    es una de las principales fuentes de sufrimiento económico en el mundo de hoy. Pero nuestra implementación actual del capitalismo no es el único sistema económico que produce sufrimiento. Vamos a considerar otros sistemas económicos. El comunismo, por ejemplo, es un sistema en el que los medios de producción son propiedad y están controlados por el Estado; aboga por la eliminación de la producción de la riqueza de manera privada- por completo. El socialismo, por su parte, está en algún lugar entre el capitalismo y el comunismo. Tanto el capitalismo como el socialismo permiten a los individuos ser compensados ​​por sus productos y servicios, pero también permiten que los individuos monopolicen la tierra; el comunismo, por el contrario, apunta a la capacidad de las personas para hacer dinero de la producción de riqueza como una de las causas fundamentales de la disfunción económica, y por lo tanto colectiviza todo proceso de producción de riqueza completamente. Los tres sistemas dejan de poner remedio a una amplia gama de temas de interés público y social porque no logran comprender los mecanismos por los cuales partes privadas extraen renta de la sociedad al monopolizar la tierra y cómo esta  extracción
    perjudica a la sociedad. (10)

    Muchos dueños de propiedades e instituciones financieras haciendo dinero de valores respaldados por hipotecas actualmente, se benefician de la tierra de manera similar a la forma en que los propietarios de esclavos se lucraban del trabajo de los esclavos. Sin la institución de la esclavitud, los dueños de esclavos tendrían que contratar a los trabajadores en una mercado de trabajo competitivo. Del mismo modo, la propiedad de la tierra libre de impuestos permite a las dueños de propiedades -y a las instituciones financieras que financian la propiedad de la tierra- obtener beneficios inmerecidos de la tierra;  si este no fuera el caso, los dueños de propiedades


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    tendrían que competir por el valor proporcionado por la tierra en régimen de alquiler o arrendamiento. Horace Greeley, periodista y abolicionista ferviente en momentos en que la esclavitud era todavía legal en muchas partes de América, observó que “cada vez que la propiedad del suelo está tan acaparada por una pequeña parte de la comunidad, la mayor
    parte de la comunidad se ve obligada a pagar lo que los pocos estimen conveniente exigir por el privilegio de ocupar y cultivar la tierra, algo muy similar a la esclavitud”.

    Una de las principales razones por las que hasta el momento no se han tenido muchas discusiones públicas acerca de la capacidad de las personas para sacar provecho de la tierra es que ¡la mayoría de los economistas tratan a la naturaleza como capital! Ellos tratan a la tierra y todos los otros dones de la naturaleza como capital, a pesar del hecho de que la tierra es no producible y tiene una cantidad limitada para cada lugar, mientras que el capital es el resultado de los recursos humanos de producción. Esta falta de distinción de la tierra del capital impide que los economistas reconozcan el monopolio que permite a las personas extraer ingresos de la sociedad.

    Los economistas Mason Gaffney y Fred Harrison denuncian en su trabajo La Corrupción de la Economía, publicado por primera vez en 1994, que los industriales hacia finales del siglo XIX siglo pudieron haber creado y promovido intencionadamente una nueva rama de la economía para desviar la atención pública de la monopolización de la naturaleza. (11) El trabajo de Gaffney y Harrison arroja una mirada fresca a la forma en la que la ciencia original de economía fue deliberadamente cada vez más marginada en favor de la llamada economía neoclásica, una teoría económica ampliamente en uso hoy, que, a pesar de su sofisticación, trata

     

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    a
    la naturaleza como capital -como un recurso para ser explotado-. (12) Esto,
    afirman los autores, impide que la mayoría de los economistas profesionales puedan precisar “el diagnóstico de los problemas, preveer las tendencias importantes y prescribir soluciones”.

    Nuestra incapacidad para compartir los dones de la naturaleza causa mucho sufrimiento en el mundo de hoy en día. La naturaleza esta viva, sin embargo, tratamos a la naturaleza como un, así llamado, “recurso” que podemos poseer y del que sacar provecho.
    Por esta razón, las instituciones financieras y de extracción de recursos naturales son las empresas que se encuentran entre las empresas más rentables el mundo. El dinero del petróleo, por ejemplo, llena las arcas tanto de las empresas como de los funcionarios estatales corruptos, mientras que la persona promedio tiene que luchar para pagar por el carburante. Si bien es adecuado compensar a las empresas por sus esfuerzos cuando convierten algunos de los dones de la naturaleza en bienes
    materiales, ¿por qué deberíamos permitir que se beneficien de los dones que la naturaleza ofrece gratuitamente a todos los seres vivos?

    Creemos erróneamente que un mercado libre debe permitir a las personas y a las empresas que se beneficien de la naturaleza, sin embargo, fallamos en darnos cuenta del inmenso coste de vida que se produce siempre que las personas se les permite cosechar lo que no han sembrado a expensas de otros. Mientras que la privatización del capital puede dar lugar a eficiencia de producción que beneficia a todo el mercado, lo mismo no puede decirse de la privatización de la naturaleza: Siempre y cuando el flujo de ingresos de la naturaleza es privatizado, los seres humanos toman para sí mismos los dones que estarían mejor siendo compartidos libremente con todos.

     

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  • 4. EL DETERIORO SOCIAL

    “Y los grandes propietarios, que deben perder sus tierras en una convulsión, los grandes propietarios con acceso a la historia, con los ojos para leer la historia y conocer el gran hecho: cuando la propiedad
    se
    acumula en muy pocas manos, les es arrebatada. Y ese hecho compañero: cuando la mayoría de las personas que tienen hambre y frío van a tomar por la fuerza lo que necesitan”.
    – John Steinbeck, Las uvas de la ira


    Mientras que nuestra forma actual de capitalismo ha creado, sin duda alguna,  una abundancia de riqueza material, también es responsable por muchos de los problemas sociales que tenemos hoy en día. Nosotros podemos preguntarnos cómo la capacidad de sacar provecho de la tierra fomenta la disfunción social, pero una vez que nos damos cuenta de hasta qué punto existe riqueza en abundancia y hasta qué grado en la comunidad la riqueza es privatizada para beneficio personal, también llegamos a darnos cuenta de lo corruptas que
    de hecho son la mayoría de las sociedades. Existen muchos problemas sociales como resultado de la forma en que nuestro sistema distribuye desacertadamente la riqueza, no como resultado de una inalterable condición humana.

    Con el fin de examinar las causas de muchos de nuestros problemas sociales, es imprescindible mirar cómo los valores de la tierra son privatizados a través de nuestro modelo actual de propiedad. La Tierra es muy apreciada en nuestra sociedad: grandes sumas de dinero cambian de manos en las transacciones inmobiliarias todos los días. El

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    valor de la tierra cambia con el tiempo- a veces sube, y a veces baja aunque la historia demuestra que a medida que la sociedad se vuelve más próspera, el valor de la tierra tiende a subir por encima de la inflación.

    Las comunidades, no los dueños de las propiedades, hacen que las tierras sean valiosas. “Pero espere,” usted podría decir: “Pero si construyo una casa en un pedazo de tierra, puedo venderla por más dinero después. El valor de una propiedad depende sin duda de lo que hago con ella”. De hecho, el valor de una propiedad cambia: Una propiedad con un casa en ella es más valiosa que una propiedad de tamaño similar cercano que no tiene una casa. Sin embargo, mientras que la riqueza de la comunidad circundante se mantenga sin cambios, las mejoras no afectan de manera significativa al valor de la tierra cruda sobre la cual existen. (13) 

    Es importante distinguir el valor del terreno en bruto, del valor de las mejoras realizadas a la tierra. Siempre que hagamos esa distinción esencial, diferenciamos algo que existe por sí mismo en la naturaleza- la tierra– de algo que ha sido creado por los seres humanos: mejoras a la tierra, tales como edificios. Para ayudarnos a comprender mejor que el valor de la tierra es de naturaleza social, imaginemos una parcela de tierra yerma, en un desierto, tan lejos de la civilización que no puede ser de utilidad para humano alguno. Esa parcela estéril de tierra podría ser reclamada de forma gratuita ya que ningún ser humano  concebiría jamás usarla para propósito alguno; su precio de venta por lo tanto, sería 0$. Incluso si cientos de millones de dólares se invirtieran en la construcción de un rascacielos en la parte superior de esa parcela de tierra, el rascacielos no sería

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    útil para nadie. Mientras el edificio se encontrase a solas sin propiedades circundantes o población – sin beneficios comunitarios o conveniencias de tipo alguno– nadie concebiría comprar la propiedad por cualquier cantidad superior al valor de sus mejoras materiales. Esto es así porque- y esta idea es  crucial- el
    valor de la tierra pertenece a las comunidades que lo han creado: El valor de la tierra se genera socialmente.

    La ironía es que mientras que las mejoras tales como edificios no afectan al valor subyacente de la tierra sobre la cual se encuentran, tienen la capacidad de forma indirecta de afectar a las propiedades que las rodean. Lo hacen al incorporarse a la demanda ya existente en un lugar concreto, aumentando los valores de la tierra a su alrededor, como un panel fresco de vidrio incorpora vapor de agua invisible en forma de gotitas. El edificio de un hospital, por ejemplo, proporciona un entorno para médicos y enfermeras para practicar en un área, y esto aumenta la calidad de vida de las personas que viven en esa zona, que a su vez crea una mayor demanda de ese lugar en particular. Edificios y otras obras de infraestructura, por lo tanto, pueden indirectamente causar aumentos del valor de la tierra en las zonas de los alrededores.

    Hasta ahora hemos descubierto tres verdades sobre los bienes raíces:

    1. El valor de una propiedad se puede dividir en el valor de sus mejoras (capital) y el valor de la superficie subyacente (la tierra).

    2. Las mejoras realizadas a una propiedad aumentan el valor total de dicha propiedad , pero en general, no cambian el valor de la tierra subyacente.

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    En cambio, el valor del suelo se genera socialmente y pertenece a la comunidad que lo ha creado.

    3. Los edificios pueden indirectamente hacer la tierra circundante más valiosa.

    Si compramos una propiedad con una casa por 250.000$ y determinamos en el momento de la compra que el edificio en sí tiene un valor de 100.000$, sabemos que el precio de venta de la tierra misma- la tierra cruda, si no hay más mejoras que hayan sido hechas- es de un valor de 150.000$. Si vendemos la propiedad un año más tarde por 270.000$ sin hacer ninguna mejora adicional a la misma, asumiendo que nuestro edificio no se haya deteriorado y que no haya habido ninguna inflación monetaria, nuestro 8% de beneficio de 20,000$ se debe enteramente a la mayor demanda de la ubicación subyacente (tierra). La demanda podría haber aumentado debido a la presencia de población adicional o debido a la presencia de  servicios o infraestructuras más valiosos en los alrededores. Este beneficio no surge de valor adicional alguno que hayamos creado nosotros para la sociedad.

    En este ejemplo, nuestro 8% de beneficio de 20,000$ resulta exclusivamente de un aumento del 13% en el precio de esta tierra en particular en este lugar, ahora a un precio de 170,000$ en lugar de 150.000$. El precio de venta simplemente ha aumentado porque la comunidad alrededor de él se convirtió en más rica en su conjunto. Por lo tanto, cuando nos metemos en el bolsillo los beneficios de esta venta, estamos siendo recompensados ​​económicamente por

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    riqueza que no hemos creado nosotros; además, recibimos este premio a expensas de todos los demás, ya que el coste de vida y el trabajo se ha incrementado significativamente para todo el mundo que vive en los alrededores. Dado que el valor de la tierra se determina por su entorno, nosotros como sociedad ¡hemos permitido durante siglos que los dueños de propiedades privadas cosechen privadamente grandes cantidades de
    riqueza generada socialmente! Este lucro en la actualidad es un robo continuado a la sociedad que conduce a una mayor y mayor desigual reparto de la riqueza a expensas de los que no sacan provecho de la tierra.

    Dado que las personas sólo pueden ser pagadas por sus productos y servicios o extrayendo rentas de la sociedad, menos ingresos están disponible para atender el pago de bienes y servicios cuando, proporcionalmente, más ingresos se utilizan para pagar el alquiler monopolizado de la tierra. (14) Esencialmente, siempre que los propietarios recogen alquiler de los crecientes valores de la tierra, menos recursos financieros quedan para los salarios y las inversiones de capital, y esta dinámica puede poner efectivamente a la sociedad en la vía rápida hacia el deterioro social y la inequidad. A medida que la sociedad se hace cada cada vez más rica con un desarrollo progresivo, los propietarios absorben una parte cada vez mayor de la riqueza de la sociedad, dejando menos para pagar por los bienes y servicios. (15) Este principio ayuda a explicar por qué los salarios tienden al mínimo en una sociedad materialmente abundante: ¿Por qué  los empleados de las cadenas de comida rápida tienen que mantener dos puestos de trabajo con salarios mínimos mientras que su empleadores- las cadenas en sí mismas, no los franquiciados–  se embolsan millones de dólares a través de sus fideicomisos y fondos de inversión en bienes raíces? (16) ¿Por qué los promotores inmobiliarios

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    que ganan dinero alquilando viviendas en
    lugares valiosos, son capaces de imponer un alto rendimiento año tras año mientras que los propietarios de viviendas de clase media y los asalariados tienen dificultades para pagar sus hipotecas?

    Debido a que no diferenciamos la tierra del capital, las ganancias privadas del aumento del valor de la tierra son generalmente consideradas como ganancias de capital, siendo por eso que sólo hay evidencia indirecta que correlaciona la desigualdad de la riqueza con los ingresos de la tierra. (17) Mientras más y más personas compitan por la tierra en ciertos lugares, y siempre y cuando se les permita a las personas y las empresas  obtener beneficios a partir de los incrementos subyacentes del valor de la tierra, las fuerzas que perpetúan la la desigualdad de riqueza crecen con más fuerza. Dado nuestro actual sistema de propiedad, tiene sentido que veamos mayor desigualdad de riqueza en los lugares donde hay mayor densidad de población, porque los valores del suelo mandan un mayor porcentaje de los recursos financieros a las áreas más densas, fluyendo a las manos de aquellos que poseen la tierra. (18) Los salarios, mientras tanto, no aumentan proporcionalmente en todos los ámbitos al mismo ritmo que la tierra se encarece.

    Como Marco Aurelio, el gran filósofo romano escribió hace casi dos mil años, “La pobreza es la madre del crimen.” Siempre que una sociedad es empujada cada vez más hacia una mayor y mayor desigualdad de riqueza, todo el mundo se ve afectado negativamente. De acuerdo con un hallazgo publicado en The Review of Economics and Statistics, los delitos violentos en la sociedad tiene una fuerte correlación con la desigualdad de riqueza, mientras que el crimen contra la propiedad -no violento-

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    tiene una fuerte correlación con la pobreza y la actividad policial. (19) En otras palabras, mientras que la pobreza puede obligar a la gente a robar o dañar la propiedad, la desigualdad de riqueza es más probable que obligue a la gente a atacar con violencia. La psicología detrás de este patrón no es difícil de entender: mientras las personas pueden tener una tendencia a robar por desesperación, son más propensos a cometer actos de violencia basados en la ira y la frustración si se enfrentan con altos niveles de desigualdad que evocan una sensación de injusticia, por lo menos a un nivel subconsciente. Estos hallazgos son importantes porque nos muestran que siempre que una considerable desigualdad de la riqueza existe -y por ende nuestra capacidad para sacar provecho de la tierra- el crimen violento es probable que siga siendo parte constante de nuestra experiencia humana.

    La capacidad de las personas para extraer la riqueza de la sociedad aprovechándose de la tierra también conduce a la degeneración cultural y a una pérdida de cohesión social a través del tiempo. Como las personas convergen entorno a una cierta ubicación, -ya sea un pueblo en crecimiento, ciudad o metrópolis-  la demanda de tierras aumenta. Los precio de la tierra están destinados a aumentar como resultado. En general, como el valor de la tierra aumenta, el rendimiento del capital tiende a disminuir comparativamente, lo que desalienta a los dueños de negocios de invertir en bienes de capital y empresa privada. Los inversionistas astutos se preocupan por el rendimiento de sus inversiones, y si la tierra ofrece un mejor retorno de la inversión que el capital, los recursos fluirán lejos de los esfuerzos productivos que puedan crear empleos, producir riqueza y animar la sociedad, y en su lugar fluirán hacia la especulación con el suelo. Como la gente cada vez

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    extrae
    más la riqueza de la sociedad, la sociedad no podrá aprovechar correctamente los poderes regenerativos de la cultura y de la empresa creadora de riqueza, y en su lugar se incentivará el comportamiento especulativo que conduce a la corrosión del tejido social. Este ciclo, finalmente, provoca el deterioro de la sociedad misma.

    “Hay miles podando las ramas del mal por cada uno que da con su raíz.”  remarcó Henry David Thoreau en su famosa frase. Los enfoques convencionales que buscan remediar muchos de nuestros problemas sociales son a menudo sólo podas de las “ramas del mal.” Cada vez que abordamos un problema social al hacer un lugar más habitable a través de actos de caridad o aumentando la disponibilidad de servicios sociales, la riqueza de la sociedad aumenta invariablemente; En consecuencia, aquellos que son capaces de sacar provecho de la tierra con el tiempo consiguen detraer más riqueza aún de la sociedad a expensas de los que no son ricos. Y es por eso que incluso el progreso social y tecnológico por sí solo no puede resolver los problemas que aquejan a la civilización humana siempre y cuando algunos puedan beneficiarse de la tierra a expensas de los demás. Cuestiones como la decadencia social y el crimen tienen que subsanarse en su núcleo; si queremos atacar la raíz de estos problemas, tenemos que compartir los unos con los otros el valor de la tierra, y hacerlo dará lugar a una mejor calidad de vida para todos. Walt Whitman, uno de los poetas más grandes de Estados Unidos, expresó bellamente:

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    El país más grande, el país más rico, no es el que tiene más capitalistas, monopolistas, inmensos ávaros, grandes fortunas, con su tristes, tristes extremos, degradantes, condenandos a la pobreza, sino la tierra en la que hay el mayor número de granjas, pequeños terratenientes -donde la riqueza no muestra tales contrastes altos y bajos, donde todos los hombres tienen suficiente-, una vida modesta- y ningún hombre se ha hecho poseedor más allá de las necesidades sanas y bellas del cuerpo simple y el alma sencilla.

  • 5. RECESIONES ECONOMICAS

    El activo más grande de toda economía es la tierra, seguido de los edificios, seguido de la infraestructura pública. Entonces, lo que se imaginan las personas que son economías industriales se han mantenido, básicamente, siendo economías basadas en la tierra .
    – Michael Hudson, profesor de economía, Universidad de Missouri, Kansas City

    ¿Por qué algo tan básico como la tierra sigue siendo importante en nuestro mundo tecnológicamente avanzado? Después de todo, las naciones desarrolladas  tienen incluso prósperas economías de Internet, donde la riqueza se crea virtualmente, sin embargo conduce a beneficios tangibles en el mundo material. Empresas como Google no parecen utilizar grandes cantidades de tierra en la gran mayoría de sus transacciones comerciales. O ¿sí?

    Con el fin de entender por qué la tierra sigue siendo esencial en la economía actual, tenemos que recordar que la tierra es el mecanismo de acceso por el cual las personas y las empresas se benefician de la riqueza social. Los conglomerados de Internet, por ejemplo, se benefician de la mano de obra de trabajadores altamente cualificados que viven en los barrios que rodean sus centrales de oficinas; ellos también se benefician de grandes infraestructuras tecnológicas creadas durante décadas por un sinnúmero de personas y empresas, todos las cuales agregan valor a la tierra. Estos beneficios son accesibles según la ubicación, que es en gran parte el por qué de que Google fuese capaz

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    de convertirse en una de las compañías más exitosas en el mundo: Su éxito tiene que ser colocado en el contexto de la sociedad en la que existe. Si Google hubiese sido fundada en una nación en vías de desarrollo que careciese de una fuerza de trabajo altamente capacitada y que carecieres de las sofisticadas infraestructuras de capital, su éxito habría sido menos probable.

    MEDIA 5- 1: ENSAYO de BILL MOYERS :

    LOS ESTADOS UNIDOS DE LA DESIGUALDAD

    En el Silicon Valley californiano, Facebook, Google y Apple acuñan millonarios, mientras que personas sin hogar de la zona están viviendo en tiendas de campaña a la puerta de sus “virtuales casas“.

    http://unitism.co/theusofinequality

    Ahora echemos un vistazo a lo que sucede cuando una sociedad experimenta una recesión económica o depresión. En una recesión económica o depresión, parece que hay una menor demanda de productos que antes tenían una mayor demanda, aunque este no es realmente el caso: los mismos deseos humanos que estimularon la demanda antes, continúan existiendo sin cesar, pero ahora ya no se pueden satisfacer- así que técnicamente aún existe la misma demanda que antes. Lo que nos falta son los mismos medios para cumplir con esa demanda. Esto causa que  la actividad económica se contraiga, y esto puede conducir a la constricción económica, a las recesiones y depresiones.

    En una recesión o depresión, los trabajadores desempleados permanecen dispuestos a trabajar para que puedan darse el lujo de comprar las cosas que siguen deseando. Y aquí radica el

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    quid de la cuestión, el gran enigma con el que los economistas han luchado  durante siglos: Puesto que existe una demanda continua de productos y dado que la gente tiene un deseo continuo de trabajar y producir, ¿por qué es que la gente no puede producir los bienes y servicios que otras personas quieren comprar pero no pueden?

    Muchos economistas apuntan a una constricción en el suministro de dinero como la causa de la incapacidad de una sociedad para consumir. Pero esta conclusión es el equivalente económico de poner el carro delante de los bueyes, porque la creación de la riqueza siempre debe preceder a la disponibilidad del dinero, puesto que el dinero sólo funciona como un medio en el intercambio de la riqueza. En otras palabras, no es fundamentalmente la falta de dinero lo que crea  la contracción económica, sino más bien una falta de producción de riqueza. Por ejemplo, cuando una fábrica solitaria en un pequeño pueblo se cierra, el pueblo experimenta a menudo una depresión económica porque la comunidad ya no tiene la misma capacidad de producir riqueza que antes; los trabajadores despedidos de la fábrica y sus familias gastan, por tanto, menos. Cuando la demanda de bienes no puede ser satisfecha debido a lo que parece ser una escasez de dinero, estamos hablando de hecho de una restricción de la producción de riqueza en alguna parte del ciclo económico, que a su vez conduce a una eventual reducción de la oferta de dinero (a menos que sea inflado de otro modo, como por decreto del banco central).

    Los economistas hablan mucho sobre la necesidad de una economía de consumo (como si el consumo por sí solo fuese el propósito de la vida, el fín de toda felicidad y bienaventuranza). Sin embargo, pocos economistas se dan cuenta de que no podemos tener una economía de consumo si la gente

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    no puede permitirse consumir, y la única manera en que pueden permitirse consumir a largo plazo es si crean nueva riqueza ya sea para consumir en ese momento o para aplazar inversiones para un consumo posterior. Dicho en pocas palabras, la mejor manera de tener una economía funcional es concentrarse en tener una economía productora de riqueza. Pero cuando la riqueza no puede ser creada a pesar de ser necesitada, la producción de riqueza ha sido artificialmente limitada, y esta limitación artificial es la causa fundamental de las recesiones empresariales y económicas.

    Como recordamos, hay tres factores implicados en la producción de la riqueza: la naturaleza, el trabajo humano y los bienes de capital. Una sociedad en plena recesión tiene un montón de trabajadores parados de sobra, por lo que la falta de trabajo humano no es el factor de constricción. Y aunque a menudo se afirma que la causa fundamental de la disminución de producción de la riqueza es la falta de dinero (que conduce a la falta de acceso a los bienes de capital), la falta de dinero es sólo el efecto de una disfunción subyacente más profunda. Por ejemplo, los recientes intentos de sanar la económica depremida de los Estados Unidos a través de aumentos en la oferta de dinero han demostrado que tales incrementos no resuelven necesariamente los asuntos en cuestión, excepto para desviar más dinero hacia las manos de los que ya parecen tener un montón de sobra.

    Por lo tanto, ¿podría ser que el alto coste de la tierra limite el funcionamiento óptimo de la economía? Debido a que el coste de la tierra -y por lo tanto el coste de la ubicación- afecta directamente las habilidades de las personas para interactuar y conectarse entre sí en el contexto de la sociedad, el precio caro de la tierra tiene

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    consecuencias que reverberan a través de toda la economía y conducirán inevitablemente a la restricción en la producción de la riqueza en toda la sociedad.

    En 1983, el economista británico Fred Harrison publicó su libro fundacional El poder en la Tierra, en el que analizó la historia económica de Gran Bretaña desde 1701 y señaló que los precios de las propiedades -impulsados por aumentos en los valores subyacentes de la tierra- tendían a amoldarse a ciclos de boom y crash de aproximadamente cada dieciocho años. (20) Descubrió que estos ciclos, a su vez, afectan al ciclo económico, y no a la inversa. En un artículo de 2007 en MoneyWeek, Harrison hizo la pregunta retórica de ¿por qué muchos así llamados “expertos” no han sido capaces de predecir con exactitud la tendencia del mercado de la vivienda: “¿Por qué estos “expertos” no dan una? Es porque están trabajando con modelos defectuosos, que asumen que la salud del mercado de la propiedad depende de la condición del resto de la economía. De hecho, mi investigación sugiere que la propiedad es el factor clave que determina el ciclo económico, y no al contrario. ” (21)

    Harrison explica en El poder en la Tierra cómo los valores de la tierra con el tiempo se vuelven tan caros que muy poca riqueza queda disponible para pagar por los bienes y servicios. La razón por la que la tierra se vuelve demasiado cara demasiado rápido es porque la especulación del sector inmobiliario permite a los propietarios exigir precios de la tierra que son más altos que lo que la economía puede sostener de modo realista. En cierto sentido, los propietarios tienen la posibilidad de exigir hoy los resultados de la riqueza del mañana,

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    porque ellos tienen el poder de retener las tierras de ser usadas y disfrutadas por el público a la espera de futuras ganancias. Este proceso crea una constricción artificial en el suministro de tierra, lo que hace que el precio de la tierra aumente a una tasa que la economía no puede sostener. Pero dado que la gente no puede renunciar a la subsistencia básica, la tierra con el tiempo se vuelve inaccesible y el precio de la tierra se contrae simplemente porque tiene que hacerlo. Al mismo tiempo, las empresas ya no son capaces de obtener beneficios tras pagar alquileres e hipotecas: la producción se detiene mientras que el consumo cae y una depresión se produce. Con el tiempo, una vez que los salarios se han recuperado lo suficiente, se inicia un nuevo ciclo y todo el proceso comienza de nuevo: el valor de la tierra aumenta hasta llegar finalmente a un punto en el que crece tanto que a continuación se contrae por la fuerza una vez más, lo que conduce a otra depresión, y así sucesivamente.

    Estos grandes ciclos económicos suceden cada dieciocho años de media, y son  interrumpidos generalmente, por una sola y breve recesión. De acuerdo con Harrison, el ciclo de la propiedad en general, se somete a catorce años de recuperación: Los primeros siete años son una etapa de recuperación del crash anterior seguidos de una fase de boom de siete años que sobreviene. Esta fase de auge incluye dos años de escalada acelerada en los precios inmobiliarios hacia el final, y es seguida inevitablemente por una severa corrección de precios que dura entre tres y cinco años. (22) Las observaciones de Harrison fueron tan correctas sucesivamente que pasó a la historia por predecir con precisión en el tiempo, no sólo la depresión de 1.992, sino la depresión global de 2008-2010 ya

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    en 1997, once años antes de que la depresión ocurriese: (23)

    El boom inmobiliario de 2000 vendrá como un shock para Gordon Brown [quien fue el canciller de Gran Bretaña, Ministro de Hacienda de la época, y más tarde, en 2007, se convirtió en el primer ministro de Gran Bretaña], que, si él sigue siendo el que presida la Tesorería de Gran Bretaña en la primera década del milenio, será. . . traumatizado políticamente por las inmerecidas ganancias astronómicas devengadas de la tierra que se embolsarán los operadores astutos que saben cómo manipular el sistema tributario. . . . La consecuencia es previsible. En 2007 Gran Bretaña y la mayoría de las otras economías industrialmente avanzadas estarán en medio de una actividad frenética en el mercado de la tierra igual a la ocurrida en 1988/9. Los precios de la Tierra estarán cerca de su máximo de 18 años, impulsados por un tasa de crecimiento exponencial, al borde del colapso que va a presagiar la depresión mundial de 2010. Los dos eventos no serán una coincidencia: el pico del precio del suelo no sólo señala la recesión que se avecina sino que es la causa principal de la misma.

    Fred E. Foldvary es otro destacado economista que también publicó sus predicciones oportunas de la depresión de 2008- 2010 ya en 1997:

    “El ciclo de 18 años en los EE.UU. y ciclos similares en otros países da a esta teoría del ciclo capacidad de predicción: el próximo gran auge, 18 años después la recesión de 1990 será de alrededor de 2008, si no hubiera

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    interrupción importante alguna, tal como una guerra mundial.” (24)

    Y continúa explicando con más detalle cómo la especulación con el suelo crea las depresiones económicas:

    Cuando un auge (boom) está en marcha, el aumento anticipado en rentas induce a los especuladores a comprar tierras por la apreciación del lugar en vez de para darle uso presente a la tierra, lo que provoca que el valor del sitio actual se eleve por encima del garantizado por el uso actual. Una vez que la especulación generalizada se establece, el valor de la tierra se lleva más allá del punto en el que las empresas pueden obtener un beneficio después de haber pagado el alquiler o las hipotecas. La tasa de aumento de la inversión se ralentiza, lo que reduce eventualmente la demanda agregada a medida que la desaceleración ondula a través de la economía, aumentando el desempleo y estableciendo una depresión. Así, una caída de la demanda sigue la causa inicial que es el aumento del coste de la tierra.

    Una de las características clave de la ciencia es la previsibilidad: Si no podemos hacer predicciones precisas, el modelo que estamos utilizando es defectuoso. Si, por el contrario, podemos tener una idea general de los resultados basados ​​en un patrón predecible, entonces nuestro modelo económico merece una mirada más de cerca. Al igual que un profeta dibujando tanto desde su experiencia científica como de su percepción intuitiva, Foldvary emitió otra advertencia en un artículo que publicó en Marzo de 2012 titulado “La depresión de 2026”: (25)

    Si las crisis [de fuera de la economía de EE.UU.] no interrumpen el ciclo, el estructuras  fiscal y monetaria profundas

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    de la economía de EE.UU., que no han cambiado en 200 años, generarán el próximo auge y el crack del mismo modo que lo han hecho en el pasado. Pero el Crash de 2026 será mucho peor que el de 2008, debido a que el gobierno de EE.UU. continúa con su déficit de trillón de dólares  anuales, por lo que en 2024 la deuda de los EE.UU.  habrá crecido tanto que los bonos de Estados Unidos ya no se considerarán seguros, y en la crisis financiera, los EE.UU. ya no serán capaces de pedir prestado los fondos necesarios para rescatar a las empresas financieras. Los estadounidenses todavía tienen tiempo para evitar el próximo gran boom y caída, pero están  culturalmente atados al status quo, al igual que casi todos los economistas, por lo que las advertencias serán desoídas como lo fueron durante la años 1990 y 2000. Ahora estamos río arriba, pero dirigiéndonos río abajo sin retorno hacia la cascada de los bienes raíces y financieros de 2024- 2026.

    ¿Sucederá? Fuertes tendencias parecen movernos en esta dirección. Por desgracia, muchos políticos hoy –y los propietarios atados a caras hipotecas- quieren que sus propiedades se encarezcan con el fin de ayudar a la economía a salir de la recesión. Lo que mucha gente todavía no se da cuenta es que el valor de la tierra es mejor si se comparte, y que cada vez que nos beneficiamos de la tierra, nos estamos beneficiando a expensas de la sociedad. Los pueblos indígenas han sabido por mucho tiempo esta antigua y atemporal sabiduría, por supuesto, pero nosotros la hemos olvidado. El Jefe Crowfoot de la Primera Nación Siksika en el sur de Alberta, Canadá, por ejemplo, nos recuerda: “Siempre y cuando el sol brille y

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    las aguas fluyan, esta tierra estará aquí para dar vida a los hombres y animales. No podemos vender la vida de hombres y animales. La tierra fue puesta aquí por el Gran Espíritu y no podemos venderla porque no nos pertenece.” (26) Nosotros, en el edad moderna hemos olvidado esta simple verdad; nuestra economía entera se basa en la presunción de que la naturaleza es propiedad. El siguiente ciclo de negocio se desarrollará antes de que nos demos ni cuenta, y no pasará mucho tiempo antes de que tengamos que hacer frente a la siguiente gran depresión y el inmenso  impacto personal que nuestro aprovechamiento continuo de la tierra tendrá sobre nuestras vidas.

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  • 6. ECOCIDIO

    Nuestro sistema económico mundial es un subsistema de un sistema mayor: el sistema más grande es la biosfera y el subsistema es la economía. El problema, por supuesto, es que nuestro subsistema, la economía, está orientado para el crecimiento mientras que el sistema superior sigue siendo del mismo tamaño. Así que mientras la economía crece, se usurpa de la biosfera, y esta es la oportunidad fundamental de coste del crecimiento económico.
    – Herman E. Daly, ex Economista Senior del Banco Mundial

    Muchos de nosotros hemos conducido por el campo y hemos visto la belleza de las colinas y los valles ondulantes, praderas abiertas y desiertos escarpados, así como hemos admirado la deslumbrante variedad y complejidades de la flora, fauna y el terreno. Pero a menos que estemos conduciendo a través de un parque público o una reserva natural, la mayor parte de la tierra que vemos es probable que esté rodeada de púas de alambre y señales de “prohibido el paso”. Hemos llegado a entender que toda tierra no designada expresamente para uso público es de propiedad privada por personas individuales o grupos, independientemente de si la utilizan o no. Millones y millones acres de propiedad privada contribuyen a crear una escasez artificial en un mundo de abundancia. Ocupamos colectivamente mucha más tierra de la que realmente necesitamos, en previsión de la las ganancias futuras que podríamos ser capaces de extraer como consecuencia de la escasez que nosotros mismos hemos creado.

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    La próxima vez que pase por una propiedad que es sólo mínimamente usada pero es no obstante propiedad privada, considere cuán inofensiva parece. Usted podría incluso pensar que la propiedad privada puede haber conservado un pequeño pedazo de la naturaleza del contacto con el humano; de otro modo, tal vez los seres humanos la habrían habitado frívolamente, del mismo modo que nos parece que habitamos cualquiera y todas las otras tierras que encontramos disponibles gratuitamente.

    Sin embargo, esta perspectiva sólo se plantea debido a la escasez que hemos creado colectivamente; tal situación no se produciría si sólo utilizasemos tanta tierra como en realidad es necesario. Si nuestro uso exclusivo de la tierra viniese aparejado de la responsabilidad para con nuestra comunidad local, la naturaleza ya no sería explotada: La mayoría de las personas tenderían a utilizar solo la tierra que fuese absolutamente necesaria. Los acres serían utilizados mucho más eficientemente, y el coste de la tierra al mismo tiempo llegaría a ser mucho más asequible para aquellos que haciesen un uso eficiente de la misma. Considere este pensamiento la siguiente vez que vea la tierra marcada con “Prohibido el paso”.

    La destrucción de la naturaleza es el resultado directo de un sistema económico gravemente disfuncional, un sistema que hemos creado nosotros mismos a través de los milenios. Sin duda alguna, nosotros como especie estamos cometiendo ecocidio de manera continuada: la destrucción de nuestro propio hábitat. La Naturaleza puede ser- y, por supuesto, ya ha sido- alterada hasta tal punto que diversas formas de vida ya no puedan mantenerse a sí mismas en ciertas áreas. Ya estamos pagando un alto precio por la destrucción de la naturaleza, medido no sólo en dólares sino en el sufrimiento de miles de millones de seres humanos y otras formas de vida de todo tipo

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    sobre el mundo. Esta destrucción tiene consecuencias cada vez más irreparables; Mientras tanto, la raíz del problema no es bien entendida y se deja sin tratar. (27)

    Hasta ahora, hemos aprendido que nuestro acaparamiento de tierras crea una sensación localizada de escasez. Debido a esta escasez artificialmente creada, los seres humanos en toda la Tierra buscan complementar sus escasos ingresos a través de la adicional explotación de la naturaleza- usualmente no produciendo, sino con fines especulativos. No hace falta demasiada imaginación para darse cuenta de que mientras a la gente y a las instituciones les esté permitido sacar provecho de la tierra a expensas de otras personas, estamos permitiendo a un sistema que incentiva la destrucción de nuestro propio hábitat. Esto ocurre de tres formas principales.

    En primer lugar, dado que a los seres humanos se les permite beneficiarse no sólo de sus bienes y servicios, sino también de la naturaleza, fomentamos el saqueo de la naturaleza para complementar los ingresos. Nuestros ingresos, sin embargo, ya son relativamente escasos debido al reparto desigual de la riqueza natural y social. Al permitir las personas aprovecharse de la tierra, les damos un incentivo para hacer daño a sus propias comunidades a través de la temeraria destrucción de la delicada ecología de nuestro planeta.

    En segundo lugar, porque nuestra capacidad para sacar provecho de la tierra a el expensas de nuestras comunidades está firmemente arraigada en nuestro sistema económico, y porque como resultado, la tierra existente tiene un precio muy por encima de su valor real mientras que los rendimientos de los salarios y el capital tributan, el coste de vida es significativamente superior para todos los miembros de la sociedad de lo que realmente debería ser. Este alto coste de la vida requiere que los seres humanos amplíen

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    sus actividades económicas más allá de los niveles realmente necesarios para apoyar continuamente su existencia. Y puesto que la mayoría de nuestra actividad económica depende en gran medida del uso de materias primas y genera enormes cantidades de residuos no biodegradables, cualquier  actividad económica adicional viene por defecto viene con un derrochador precio ecológico.

    Y en tercer lugar, nuestro modelo actual de propiedad de la tierra alienta una expansión de la civilización humana ya que las poblaciones buscan la tierra que todavía está disponible a un coste menor. Por ejemplo, la tierra que se mantiene de forma especulativa y no se usa productivamente dentro de una ciudad o pueblo es una de las principales razones por la que las personas viven en comunidades suburbanas lejos de sus lugares de trabajo, resultando en el tipo de expansión urbana y suburbana distópica que a menudo vemos en toda América del Norte. Este mismísimo mecanismo también es responsable de la destrucción de las selvas tropicales. En las zonas donde la destrucción de la selva tropical alcanza tasas epidémicas, la desigualdad de riqueza y la propiedad de la tierra son particularmente desproporcionadas; millones de acres tierras de cultivo de primera son propiedad de sólo unos pocos y se utilizan sobre todo para el pastoreo en vez de para las explotaciones ganaderas. Este status quo obliga naturalmente a muchos a talar y quemar grandes áreas de selva tropical en su búsqueda de obtener tierra sólo para poder hacer una vida simple para sí mismos. (28)

    En 2007, un equipo de investigadores de la Universidad McGill de Montréal, Québec, Canadá, publicó un estudio que correlaciona mayores niveles de desigualdad de la riqueza con una mayor pérdida de biodiversidad. Los resultados fueron tan sorprendentes que

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    el estudio se repitió en 2009, pero con modelos más complejos, llegando a resultados similares. Los investigadores descubrieron que la huella económica de una nación proporciona correlación lo suficientemente estrecha para ser estadísticamente significativa, sobre todo si se toma en conjunto con el nivel de desigualdad de ingresos. La huella económica de una nación es el tamaño de su economía en relación con su tamaño geográfico, es decir, en relación con el tamaño masa de su tierra. El hecho de que la huella económica de una nación ofrece una correlación significativa con la pérdida de biodiversidad no es de extrañar; si la economía de una nación es grande en comparación con su cantidad de tierra, la tierra será cada vez más acaparada, y este acaparamiento invariablemente tendrá un impacto significativo sobre la ecología. Esta dinámica es especialmente interesante si tenemos en cuenta que el factor de la desigualdad en los ingresos nos proporciona una correlación adicional, y la desigualdad de los ingresos, como sabemos, se remonta al acaparamiento de tierras.

    En su estudio de la biodiversidad, los investigadores mencionaban otro estudio que pone de relieve como el reparto desigual de la naturaleza sería una causa potencial de ambas la desigualdad de la riqueza y la pérdida de la biodiversidad: “Un estudio de la silvicultura comunitaria en México mostró que el manejo forestal del pueblo se correlacionó con los niveles de desigualdad. En un pueblo con una estructura y carácter económico muy desigual, los bosques eran mal gestionados porque pequeños grupos de personas poderosas manipulaban la industria maderera para su propio beneficio, lo que resultaba en la sobreexplotación. En los pueblos más equitativos, sin embargo, las instituciones de la comunidad fueron más eficaces, lo que resultaba en una mejor gestión de los bosques y probablemente menor pérdida de la biodiversidad.

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    ¿Podría ser que cada vez que se acapara la naturaleza veamos una mayor desigualdad de la riqueza y la pérdida de biodiversidad? El sentido común  por sí apunta a una correlación entre nuestra aprovechamiento de la naturaleza y la pérdida de biodiversidad.

    De hecho estamos viviendo dentro de un sistema que nos anima como especie a comportarnos como un tumor que ataca sin descanso a su huésped en un inútil esfuerzo por prolongar su propia existencia; nos estamos devorando a nosotros mismos y a la naturaleza en el proceso. ¿Despertará nuestra conciencia colectiva a la realidad de tal sistema –un sistema que nos anima a consumir inútilmente y destruir la naturaleza sin una buena razón en última instancia? Como el autora Barbara Kingsolver ha remarcado, El sentimiento de que la moralidad no tiene nada que ver con la forma en que utilizamos los recursos del mundo es una idea que no puede persistir mucho más tiempo. Si lo hace, entonces nosotros no lo haremos.

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  • 7. LA TIERRA, NUESTRO HOGAR

    Abusamos de la tierra porque la consideramos como un bien que nos pertenece a nosotros. Cuando vemos la tierra como una comunidad a la que pertenecemos, podemos empezar a usarla con amor y respeto.
    – Aldo Leopold (1887- 1948)


    La Tierra sostiene a toda la vida. Ya sea que creamos que se originó la vida través de la evolución, el diseño inteligente o la
    creación divina, no cambia la realidad de que la Tierra sigue sosteniéndonos en la actualidad. Es un hecho sobre el que cualquier persona, independientemente de la nacionalidad, cosmovisión o religión, puede estar de acuerdo. Pero la humanidad es una especie con una fractura en el corazón; nos hemos separado a nosotros mismos de la naturaleza, y entonces continuando, nos subdividimos por géneros, nacionalidades, razas, religiones, etnias, orientación sexual, condición social, clase económica, y así sucesivamente. Al hacerlo, también nosotros a menudo olvidamos que todos los seres humanos somos una parte integral de esta hermosa canica azul flotando a través del tiempo y el espacio. Creemos que la Tierra nos pertenece, pero parecemos olvidar que, en verdad, nosotros pertenecemos a la Tierra. En su raíz, nuestra crisis económica es una crisis de conciencia, porque nos vemos a nosotros mismos como separados de nuestro entorno, cuando, en realidad, estamos inextricablemente conectados a todo lo que es. (29) Como resultado, nos hemos engañado a nosotros mismos pensando que la tierra debe ser propiedad y a continuación, debe beneficiar a algunos a expensas de otros.

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    Los capítulos anteriores nos han dado destellos de lo que sucede- y cómo-, cuando no somos capaces de compartir el excedente de la naturaleza y de la sociedad los unos con los otros. Y ya que como seres humanos no estamos de acuerdo en casi nada bajo las estrellas, el reconocimiento de que La Tierra -y toda la tierra en ella- es nuestra casa común debiera ser la fundación sobre la cual todas nuestras perspectivas y filosofías viniesen a descansar. Tenemos que hacer que este reconocimiento sea la partida y el punto final de cualquier discusión de un modelo económico que sea al tiempo eficiente y justo. Cualquier otra cosa que no sea la aceptación incondicional y una implementación de esta verdad no son sino concesiones y un embrollo de un principio claro y universal: Ningún ser humano tiene derecho intrínseco a beneficiarse de lo que, en última instancia, no puede pertenecer a nadie en absoluto.

    La tierra ha sido privatizada casi en todas partes; esta privatización es endémica en todo el sistema. No consideramos el impacto que nuestras acciones individuales tienen sobre la totalidad de la vida al tratar de apoderarnos de una parte de tierra tan grande como podamos. Tal vez una parte de nosotros sabe, en el fondo, que nuestro destructivo sistema económico no proporciona en abundancia para aquellos de nosotros que no sacamos provecho de la tierra en una forma u otra, o tal vez nuestros deseos sólo parecen seguir creciendo al mismo ritmo que nuestra apropiación de la riqueza material. De cualquier manera, en la raíz de nuestra motivación para tomar y poseer yace un miedo que nos corroe -el miedo a perder y a no tener suficiente.

    Las escrituras de todas las religiones principales desaconsejan el acaparamiento de tierra por estas mismas razones. La tradición judeocristiana,

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    por ejemplo, es inequívocamente clara en cuanto a que la naturaleza es un regalo (Génesis 9: 1- 3, entre otros pasajes). Incluso prohíbe la propiedad de la tierra permanente y proporciona orientación sobre el alquiler (Levítico 25), al tiempo que afirmaba expresamente que “el beneficio de la tierra es para todos” (Eclesiastés 5: 9) (30) Los antiguos sabios hindúes  declararon que “la tierra es la común propiedad de todos “y que la gente debe” a través de sus propios esfuerzos, disfrutar de los frutos de ella.” (31) En el Islam, el profeta Muhammad lo expresó muy sucintamente cuando dijo que “las personas son socias en tres cosas: agua, pastos, y fuego” (Sultaniyya Hadith 26), que podría ser interpretado como “el agua, la tierra y la energía.” Y mientras que el Buda no abordó explícitamente la cuestión de la tierra, enseñó que la práctica de los medios de vida adecuados era esencial en el camino de la iluminación. Dado que es casi universalmente entendido que en el budismo robar es contrario al espíritu de los medios de vida adecuados, tenemos que asumir que el aprovecharse de la tierra por tanto, también está en contra de la senda espiritual budista. Existe un principio similar para los practicantes de las tradiciones del yoga: El tercer yama de los Yoga Sutras de Patanjali es asteya, o no robar. Y la mayoría de las culturas indígenas de la Tierra tratan a la naturaleza como regalo, no como propiedad; aunque muchas Tribus Nativas americanas y las Primeras Naciones tuvieron esporádicamente luchas entre sí sobre cierto territorio, las batallas eran por el derecho de uso de la tierra, no por su propiedad, que es un concepto extraño para la mayoría de culturas indígenas. (32)

    Es hora de reconocer que todos los seres tienen una  derecho sostenido de acceso a la abundancia de la naturaleza. Es un derecho de nacimiento

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    fundamental. En efecto, el derecho de acceso a la generosidad de la Tierra en igualdad y sostenibilidad parece una de las más trascendentes verdades que un ser humano puede jamás contemplar. Pero este derecho fundamental no se encuentra en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, a pesar de que el primer artículo de la declaración dice: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos.” El hecho de que este sólo principio se viola de manera continua es muy posiblemente la causa raíz de muchas, si no la mayoría, de otras violaciones de los derechos humanos. (33)

    A pesar de que los niños de cinco años edad pueden reconocer la importancia de compartir la abundancia de la naturaleza, muchos economistas hoy en día continúan negando que la naturaleza tiene que ser compartida. Algunos economistas intentan equivocadamente aplicar supuestamente  los principios del libre mercado a la privatización de la naturaleza. Por ejemplo, el economista libertario Murray Rothbard hizo varios errores básicos de pensamiento cuando escribió:

    Bueno, ¿qué hay de la tierra sin uso? ¿Debería alarmarnos su visión? Por el contrario, debemos agradecer a nuestro estrellas por uno de los grandes hechos de la naturaleza: que el trabajo es escaso en relación a la tierra. Es un hecho que hay más tierra disponible en el mundo, incluso tierra muy útil, de la que hay trabajo para mantenerla empleada. Este es un motivo de alegría, no para lamentarse.

    Un simple análisis del párrafo anterior revela que incluso un distinguido economista como Rothbard puede cometer errores de pensamiento de proporciones fundamentales. En

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    este caso, él no distingue la tierra en lugares no deseados de la tierra en los lugares deseados. Si la tierra de hecho está disponible gratuitamente como él dice que lo está, ¿por qué, pues, tiene un coste que varía de un lugar a otro? El trabajo no es escaso en relación a la tierra en ubicaciones deseables -lejos de ello: La tierra es excepcionalmente escasa en lugares deseables, razón por la cual la tierra en una ciudad cuesta mucho más que la tierra en el campo. En la mayoría de los lugares la tierra no es de libre disposición; ya que podría ser tenida de forma gratuita. En cambio, es poseída -independientemente de si se utiliza o no- y así genera escasez. (34)

    A veces, el sentido común puede faltar cuando miramos un tema y dejamos de reconocer los problemas que son evidentes. Si la educación avanzada adolece de sentido común, no nos hace inmunes a los errores de pensamiento a un nivel fundamental; algunos economistas formados no parecen pensar que los dones de la naturaleza deban ser equitativamente compartidos para beneficio de todos. Presiones de la carrera también podrían desempeñar un papel: Upton Sinclair, uno de los escritores más famosos y prolíficos de Estados Unidos, dijo: “Es difícil convencer a un hombre de algo cuando su salario depende de que no lo entienda.” Sin embargo, teniendo en cuenta la influencia que muchos economistas tienen en el discurso público de hoy en día, no pueden permitirse el lujo de mantener las viejas políticas económicas fracasadas durante mucho más tiempo. Como administradores del conocimiento que tiene el poder de liberar a la humanidad de las cadenas de la pobreza y de la destrucción de sí misma, su deber es elevarse por encima de los partidismos y dedicarse al bienestar del público en general y, por tanto, a la preservación de nuestro legado natural, cultural y económico compartido.

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  • PARTE II: UN NUEVO PARADIGMA PARA UN MUNDO PROSPERO

    Una nueva conciencia se está desarrollando que ve la Tierra como un solo organismo y reconoce que un organismo en guerra consigo mismo está condenado. Somos un planeta. Una de las grandes revelaciones de la era de la exploración espacial es la imagen de la Tierra finita y solitaria, de algún modo vulnerable, teniendo a toda la especie humana a través de los océanos de espacio y tiempo.
    Carl Sagan (1934- 1996)