Breve exposición de la teoría del Impuesto Único

Los impuestos sobre productos del trabajo tienden a restringir la producción. Por consiguiente, no deben imponerse contribuciones sobre las mejoras ni sobre las mercancías.

Un impuesto sobre el valor de los terrenos no restringe la producción ni disminuye la recompensa de los que usan la tierra, sino que, haciendo onerosa su conservación fuera de uso, ensancha el campo de las naturales ocasiones de trabajo y estimula la producción. Por consiguiente, todos los impuestos deben recaer sobre el valor de los terrenos.

Cada hombre tiene derecho al completo resultado de su trabajo o empresa para producir mercancías, edificar casas, mejorar campos o contribuir por otros modos a la satisfacción de sus necesidades; pero el valor inherente a la tierra, por razón de la creciente competencia para usarla y que es debido al crecimiento de la población y de las mejoras públicas pertenece en justicia a la comunidad. Por consiguiente, el público debe tomar por el impuesto todo el valor anual de los terrenos.

Donde quiera que la renta económica se tome de este modo para el soporte de las cargas públicas, la industria y las empresas todas serán aliviadas de impuestos y no quedará ningún estímulo para conservar tierras fuera de uso. Cesará la especulación de terrenos y quedarán abiertas al trabajo las naturales ocasiones. Los obreros que no puedan obtener buenos empleos podrán siempre emplearse ellos mismos, sin que esto quiera decir que todos se empleen en la Agricultura, sino que siendo los terrenos agrícolas, mineros y edificables accesibles a los que quieran usarlos, no habrá falta de trabajo, y los jornales en todas las industrias se elevarán a su natural nivel, o sea la íntegra ganancia del trabajo: ¿cómo encontrarán ocasión de trabajar todos los que lo desean para producir riquezas? El Impuesto Único, al abrir las naturales ocasiones y al mismo tiempo aliviando las cargas a la industria, resuelve el problema del trabajo.

El solo método practicable para llegar al impuesto único es la supresión sucesiva de todos los demás, y necesariamente incluye la abolición de los derechos de Aduanas. Por consiguiente, el Impuesto Único envuelve el absoluto librecambio.

Con este nuevo sistema de impuestos se conseguirán además:

Primero: Abolir las multas y castigos –contribuciones y arbitrios- que hoy se imponen a todo el que mejora un campo, edifica una casa, instala una máquina o se ocupa de cualquier modo de emplear trabajo y producir riqueza.

Segundo: Dejar a todos en libertad de aplicar trabajo o gastar capital sin ninguna clase de multas y restricciones, con lo que cada cual recogería el producto íntegro de su trabajo.

Lo mismo comprende nuestra reforma a los terrenos urbanos que a los agrícolas y mineras.

 

El Impuesto Único


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